13 octubre 2009

Pedazo de “planning”

Lo que se presentaba como un tranquilo (y aburrido) puente del Pilar ha acabado siendo casi una pesadilla de tres días. El plan “molón” que quisiera haber encontrado el sábado no llegó y amagó con convertirse en un sábado-noche en casa. ¿Qué triste, no? La buena noticia es que al final salí de casa pero la escapada se limitó a una tranquila cena con mis padres (única compañía que se presagiaba para todo el puente) en un restaurante tailandés.

El domingo no pintaba mejor y, efectivamente, me pasé todo el día del Señor en el sexto piso de mi edificio de mi calle. Únicamente salí para cenar con mis padres, otra vez. En esta ocasión acabamos en el Ribs de Parquesur pero tal era mi desgana que apenas tenía apetito (cosa rara en mí). Mi madre para intentar animarme nos invitó a tomar después un café irlandés cerca de casa. Pero ni el intento de recordarme a mi querida Irlanda consiguió subirme apenas la moral. Sólo quería volver a casa y seguir haciendo “nada”.

Ya sé que cuanto menos haces, menos quieres hacer y más te apalancas pero cuando uno se tira la semana trabajando mil horas sin pasar por casa nada más que para cenar y dormir, los fines de semana pueden ser (y tienen que ser) el momento de liberación. Viendo mi trayectoria, pasarme un puente en casa es, cuanto menos, extraño. Y tanto me han acostumbrado a salir cada cierto tiempo que llega un momento en que lo necesito como el aire. Para algunos esto será de niña caprichosa pero para mí se ha convertido en una necesidad, la cual no necesita de enormes distancias para ser satisfecha. Una salida a la sierra me cura las penas por una temporada.

Ahora bien, no sé, pero el rumbo que está tomando mi vida no me gusta un pelo y el apalancamiento general que me rodea me está matando demasiadas neuronas. A veces mi pereza y otras el “esto pasará” consiguen que no haga nada para solucionar ciertas situaciones pero va siendo hora de ponerse las pilas y empezar a buscarse la vida.

No ha sido gran cosa pero hoy he dado un minúsculo pasito. No quería volver a salir de paseo con mis padres para que me brearan a preguntas de por qué no salgo con fulanito, por qué no llamo a menganito, etc. etc. y en vista de la falta de otra compañía, he cogido el coche y me he ido al Parque del Manzanares, una especie de (parque) Juan Carlos I pero con vistas a la ciudad (en este recinto es donde está también la Caja Mágica). Tras subir a una de las colinas y divisar la ciudad a la sombra de la escultura Dama del Manzanares, me he bajado a leer a una praderita. No había nadie y un pino casi solitario daba una enorme sombra así que allí me he sentado a leer frente a Madrid. Se me ha pasado la mañana sin darme cuenta y he vuelto a casa a comer con un poquito más de ánimo.

La tarde ha vuelto a ser de lo más “tonta”, tirada en el sofá viendo la “caja tonta”. A media tarde a mis padres les ha picado la curiosidad de qué es lo que divisa cada día la Dama del Manzanares así que he vuelto con ellos para disfrutar de esa pequeña naturaleza enjaulada entre la M-30 y la carretera de Andalucía.

Ahora se ha acabado el puente y, gracias a Dios como dirán algunos lectores, este post.

Take it easy!

1 comentario:

  1. Pues mira, tu finde ya ha sido más entretenido que el mío. Menudo desastre lo del sábado, yo no sé cómo pudieron fallar todas las opciones.

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