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10 noviembre 2009

El final del largo camino

Marché a la Isla Esmeralda para casi cuatro meses de variopintas experiencias. El primer mes fue una especie de infierno en Irlanda del Norte cuidando de dos monstruitos en la granja de Pin y Pon. Durante 37 días intenté domar a dos fierecillas de 3 y 5 años, uno de los cuales me odiaba y el otro me adoraba (“Ruth es mi mejor amiga en el mundo”, Jaime dixit –el padre es español, de ahí el nombre del crío). Tras aguantar lo indecible y empezar a pensar que me estaba volviendo loca pues ya hablaba conmigo misma con tal de entretenerme, abandoné mi puesto de au pair y emigré a Dublín. Un par de semanas llevando CVs de aquí para allá tuvo como resultado un cómodo trabajo en el Ulster Bank. Nada complicado pero bien pagado. Me mudé con unos brasileños a un pisito a la sombra de St. Patrick Cathedral (véase la foto de mi bloque junto a la catedral) y ahí comenzó mi paradisíaca estancia dublinesa. Dos meses, algún que otro buen amigo y otro puñado más de conocidos después, volvía a empaquetar mis cosas, en contra de mi voluntad, y esta vez para una mayor distancia: tenía que volver a Madrid porque la Carlos III no concibe tener alumnos que no asisten a clase diariamente. Siempre hubo algo de mí en Irlanda desde que fui con 12 años y, esta vez, algo se quedó allí a medio componer. Lástima que no haya podido volver a terminar el “trabajo”.
De este modo, quinto de carrera comenzó en Dublín, desde donde mandé las primeras prácticas y trabajitos a los profesores (con saludo para Temple Bar por parte de uno de ellos incluido).

Una vez aquí todo siguió más o menos como siempre. Y digo más o menos como siempre porque durante este curso tuvimos menos clases presenciales y pude hacer, podría decir que hasta para alegría y tranquilidad de mis compañeras, unas prácticas en la Agencia EFE. No tengo miedo a reconocer que apenas aprendí nada allí durante los tres meses que pasé en el Archivo fotográfico y que tienen tanta jeta que no son capaces de pagar a los becarios ni el abono transporte.
Pasados los exámenes de febrero comencé unas nuevas prácticas en una productora de canales temáticos. Tras pasar tres entrevistas, me destinaron al departamento web pero el día en que me incorporaba, para mi sorpresa, el que sería mi jefe no tenía ni idea de que yo ya estaba contratada y me hizo otra entrevista. Finalmente quedé como encargada de las webs de los canales “Canal Cocina” y “De Casa”. Fueron bastante agradables los casi siete meses que allí pasé, aunque el jaleo de horario (unos días jornada completa, otros media jornada de tarde, otros de mañana…) fue un caos curioso de experimentar. Esto, obviamente, me obligó a abandonar tanto los idiomas como la danza.
En lo que al plan de estudios se refiere, este curso estuvo marcado por una asignatura que, si bien me gustaba (Periodismo Internacional) casi se me termina atragantando. No he logrado entender la lógica de que a pesar de que alguna asignatura consiguiera gustarme (gracias a Dios) y le dedicara más tiempo, aun así, no sacara más nota que en el resto de bazofia. Puede que la explicación esté en el Teorema de la Injusticia y Ley de la Carlos III.
El primer cuatrimestre también se saldó con un suspenso en una asignatura que se supone ya habíamos dado (y aprobado). Era de Derecho, por supuesto. Tengo bien claro a lo que no me tengo que dedicar nunca.
Y pasamos a lo que, por antonomasia, define el último año de universidad: el “Proyecto Fin de Carrera” y las “Prácticas en empresa”. De estas últimas ya he dicho algo pero no me gustaría dejar de recordar las normas de la Charlie (si bien nadie las cumple a rajatabla, existen):
- Las prácticas hay que hacerlas durante el segundo cuatrimestre del 5º año, con lo cual, cuando acabas las carrera, si no has hecho más cosas por tu cuenta, únicamente tienes cuatro meses de experiencia (experiencia relevante solamente si has tenido suerte al encontrar la empresa que te acoja como becario/a).
- Las prácticas no pueden hacerse en verano: esto obliga a compaginar trabajo y estudios durante el curso.
- Las prácticas ofrecidas por el dpto. encargado de la asignatura son, en su mayoría, de jornada completa: Imposibles de realizar si, al mismo tiempo, es obligatorio asistir a las clases.
- Existe un máximo de horas (500h, tres meses con jornada completa) que puedes dedicar a la empresa que hace el convenio con la universidad: aunque te encante tu puesto y la empresa te adore, o te contratan o una vez pasado ese tiempo lo tienes que dejar.
Lo sé, yo dediqué más de 500 horas a las recetas de cocina. No sé qué chanchullo de horas hicieron conmigo a la hora de pactar mi horario.
Y el Proyecto Fin de Carrera… ayyyy, poco (o mucho) puedo decir. Comenzó siendo un documental sobre cementerios desaparecidos de Madrid (siempre me ha interesado la historia de Madrid y había muy poca información sobre este tema) pero después de que mi tutora de proyecto se cachondeara de mí y me soltara que ese tema no era muy interesante y que el público seguramente se MORIRÍA (lo recalcó con malicia) de aburrimiento pues desistí y decidí cambiar la idea. Terminó siendo un proyecto multimedia que pretendía convertir el tradicional folleto en papel de las agencias de viajes en algo más atractivo y audiovisual. No conseguí nada del otro jueves pero la tecnología a mi alcance no dio para más.
Llegó septiembre, presenté el dichoso DVD y “se acabó la fiesta”. Ya sólo faltaba soltar unos cuantos cientos de euros para que, en algún momento de los próximos años, me llamen para recoger unos papelitos firmados por el Rey diciendo que soy doble licenciada. Era entonces cuando empezaba la verdadera enseñanza: la real y dura vida de la búsqueda de empleo. Pero esa ya es otra historia.
No quiero terminar el post y el mes temático sin decir que gracias a que la UC3M no informó de que no era preciso aprobar las dos carreras para obtener el título de cada una de forma independiente, perdí mi oportunidad de entrar a trabajar en Google (y en Dublín, para más inri). Me llamaron para trabajar en esta super empresa en el mes de junio pero era requisito indispensable ser licenciado. Como a mí me faltaba el proyecto, no pudieron contratarme. Fue en septiembre al ir a pagar las tasas cuando descubrí que en junio ya tenía el título de periodista (el Proyecto pertenecía únicamente al plan de estudios de Com. Audiovisual).
Ah, y como apunte final diré que posteriormente he descubierto que el Ayuntamiento de Madrid organiza conferencias y visitas a los cementerios más antiguos y curiosos de la ciudad.

16 octubre 2009

Blog Action Day '09

Hace unos días una excompi de clase me invitó a participar en el Blog Action Day'09, algo así como una quedada bloguera en la que cada año se propone un tema sobre el que hablar. Este año toca el cambio climático. Algunos dirán que ya se me ha pasado el día en cuestión para dar mi opinión pero alego en mi defensa que, aunque en donde me encuentro son las 01:45 del día 16, todavía muchos países están disfrutando del sol del 15 de octubre. Así pues, habrá que decir algo.

Me centraré en el tema del reciclaje, por aquello de que algunas amigas lo han tratado en sus blogs y me han recordado ciertas cosas.

Cuando pienso en reciclaje me viene a la mente mi estancia, hace un par de años, en Irlanda. Y cuando nos anuncian en las noticias que nos suben los impuestos sobre la recogida de basuras, pienso en Irlanda (sí, pienso en mi amada tierra verde muchas veces pero en este caso en concreto no lo puedo evitar). ¿Por qué pienso en la isla esmeralda? Fácil. Allí no pagan impuestos por las basuras.

Os voy a explicar cómo se lo montan los amigos irlandeses para pagar lo justo por deshacerse de su “mierda”:

Cuando uno aterriza en Irlanda una de las primeras cosas que te sorprenden (aunque tiene toda su lógica) es que no pagan factura de agua. Algunos te preguntan que si en Irlanda cuando abres el grifo sale agua o Guinness. Bien, cerveza negra tienen para exportar (y anda que no lo hacen) pero el agua… aaaah… eso son palabras mayores. Podrían inundar el mundo con todo lo que tienen. Supongo que por eso, para qué gravar a sus ciudadanos por algo de lo que nunca tendrán escasez. Pero lo que uno no sabe, hasta que se va a vivir a una casita y hay que hacer todas las labores domésticas, es que tampoco pagan impuestos por las basuras. Esto no quiere decir que no paguen nada pero cada uno paga dependiendo de lo que genere. Y si uno está medianamente concienciado con el medio ambiente y anda justo de dinero, el método irlandés le parecerá caído del cielo.

Me explico. Allí (al menos en Dublín) no puedes tirar tus bolsas de basura cualquier día: cada zona de la ciudad tiene asignados unos días concretos. Además, en las calles no hay cubos de basura, por lo que tienes que dejar, sólo el día que te corresponde, la bolsa en la puerta de casa (aunque en los bloques de pisos sí suele haber contenedores comunitarios). Para que los señores basureros se lleven tus bolsas es necesario comprar una pegatinita (este es el impuesto que pagan) por cada bolsa que tengas. A mí siempre me pareció un método curioso puesto que cuanto más grande sea la bolsa, menos pagas :D . Y siempre solía decir, “esto sí que es tirar el dinero a la basura”, porque, a ver, estás pagando por un papelito que va a ir directamente al basurero.


Me podréis decir que al final es un sacacuartos en forma de sticker pero es que tienen otro secretillo: ¡Lo que se recicla no se paga! Todo aquello que se separa para reciclar no necesita de pegatina alguna. Es un poco tostón porque lo que no metemos en la basura general hay que llevarlo a los centros de reciclaje (algo así como nuestros “puntos limpios” pero para todo lo reciclable) que hay por la ciudad. ¿No digáis que no es una buena idea? No cuesta ningún esfuerzo (bueno, he llegado a ver que algunos son muy tiquismiquis y hasta abren los tetrabrik de la leche para lavarlos con agua y jabón), no sufres los olores nauseabundos de la basura almacenada y muchas veces rebosante en los cubos, haces un bien al medio ambiente y, encima, ¡ahorras dinero!

Yo, desde entonces, no he vuelto a ver a los basureros, cubos e impuestos de basura del mismo modo. Por favor, que alguien proponga esto a nuestros señores políticos; aunque dudo que en este país ninguno de ellos vaya a renunciar a tan suculenta cantidad de dinero con la que comprarse trajes o lo que Dios quiera que cada uno haga.

En fin, quería hablar también de la reducción en el uso de bolsas de plástico (en el 2002 Irlanda fue el primer país en establecer un impuesto (de 15 céntimos, ahora algo más) por cada bolsa de plástico que te dieran en las tiendas y parece ser que se ha reducido el uso de éstas en un 90%) y del reciclaje del aceite (esto último no tiene nada que ver con métodos irlandeses) pero creo que el post ha quedado suficientemente extenso como para que alguien se llene de angustia y ganas de pisarme los dedos a partes iguales ;) . Lo reservaré para otro día en el que no tenga nada mejor de que hablar.